Y abrí un poco los ojos.
Hoy es 30 de enero.
Pero siento que han pasado años por todo lo que he hecho. Ayer me di cuenta por fin entendí que soy una mujer como todas otras, una mujer que se creía diferente pero que resultó igual a muchas. Como ayer lo decía me siento como cuando un agresor entiende lo que hizo a otra persona, así como una victima entiende como alguien le hizo daño y lo que le hicieron.
Mi historia comienza muchos muchos años atrás cuando era pequeña y veía pelear a mis padres. Casi siempre todas era razones insignificante para iniciar un pelea o al menos así me parecía a mi por la inocencia de mi edad. Todo empezaba con malas caras o malo entendidos que escalaban hacía gritos, insultos, lanzar cosas y culminaba en que mi papá amenazaba con que se iría de casa, se hacia de una maleta y empezaba a poner sus cosas mientras yo veía por un huequito desde la puerta de mi cuarto, lloraba sin consuelo al ver esta escena, mientras buscaba, pensaba como podía solucionar todo esto. Yo una niña pequeña que no tenía porque encargarse de nada de eso, cuando su única función en la vida era ser feliz. En un momento de lucidez descubrir una ayuda y era escribir una carta, que tengo dejos mentales de enviarla por debajo de la puerta o dejarla en la almohada en el cuarto de mis padres, pidiendo perdón de parte mi madre, diciendo palabra para que mi madre entendiera que todo tiene solución y no se debe ir, mientras tendrás de mi puerta esperaba que todo se calme y que sesén los gritos las peleas y todo vuelva a la normalidad.
No se cuantas veces mas sucedió todo esto, no se cuantas veces más lloré por estas situaciones. Recuerdo algunas muy puntuales en las que mi padre se iba contra mí y quería quitarme lo que más amaba en ese momento que era mi perro. Recuerdo como estaba yo pegada en la puerta de mi cuarto abrazada a mi perro mientras el pateaba la puerta para abrirla, diciéndome que se lo entregue, que lo va a mandar a la calle. Mientras yo desolado esperaba que esto sea mentira, que pronto acabe y que nadie me quite a mi perro. No podía ni llorar del miedo que sentía de lo que estaba viviendo.
Recuerdo otras más en las cuales mi padres se lanzaban cosas cuando discutían y sin saber por a veces intervenía para evitar cualquier cosas. Crecí y seguí viendo lo mismo cada día pero aprendí a sufrir en silencio esperando a que en cualquier momento algo le molestase a mi padre y comience una nueva guerra, mientras yo sufría en mi cuarto esperando que acabe todo. Cuando ya llegué a ser una adulta joven recuerdo una de estas situaciones ya no tan grave como las anteriores pero igual de dolorosas para mi, no sabía que hacer con todo lo que sentía le escribí a un amigo muy cercano y me dijo, "esos son sus problemas tu no debes meterte, ni sentir nada de eso, porque eso es solo de ellos". Sus palabras me dieron consuelo y me dieron las luz de no ponerle emociones a los problemas de mi padre y no sentir nada cuando pasaba esto, me dijo también, "primero eres tú, segundo eres tú y tercero eres tú". Y eso hice siempre fui siempre primero yo y ahora eso me esta costando por ahora me pongo a mi por encima de todos, me pongo a mi sin importar como se siente la otra persona, me pongo a mí sin antes escuchar a alguien más, porque eso me volvió muy egoísta porque todo esto me hizo crecer sin gota de empatía hacía la otra personas pero esto se refleja en mis amistades, en mis relaciones donde no puedo ser empática con el otro, donde no le doy a importancia a la otra persona sobre mi. Porque quiero que primero sea yo y nadie más. Es irónica porque en mi vida cotidiana, en mi vida normal siempre pongo a otros sobre mi, siempre el otro es quien necesita, es a quien escucho, es por quién me desvivo por ayudar, quien me mueve el alma cuando algo se sucede, por quien quiero hacer todo lo posible y lo que se necesite pero en mi plano sentimental no hago nada y vivir en esa disonancia me esta costando caro y me ha costado muy caro.
Y ahora estoy aquí después de lo que son para mí 25 años, y soy una persona que grita, que pelea, que provoca, que agrede, que aruña, que rompe camisetas, que da cachetadas, que insulta, que hace cosas que jamás creyó hacer que pensó que era buena pero que ahora no sabe que es ni que hace. Aquí estoy con un carácter que no es mío, con una ira y enojo que no sabía que tenía en el corazón. Con lo miedos y el sufrimiento de mi infancia. Ayer leí que debes sanar tu corazón para que no se llene de ira, de amargura cuando eres pequeño y cuanta razón tiene ahora que veo que el mío si se lleno de amargura, de enojo, de ira. Y que su enojo no sanado le hace hacer cosas de las que no se siente orgullosa, que le hace sentirse la peor persona de este mundo, se siente perdida sin saber quién es, y que hace. Sin saber quien verdaderamente es. Pero con las ganas de hacer algo, de romper esos viejos patrones desadaptativos de su vida.
Tal vez alguien no lo lea pero me ha servido para reconocer lo que he llegado a hacer, lo mal que estoy y ver al fondo que llegué.
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